Yo en La Mareta y tú en Ceuta

«Yo en La Mareta y tú en Ceuta». Esa podría haber sido, en tono irónico, la consigna que algunos miembros del Gobierno podrían haber escuchado durante este mes de agosto.
Mundo25 de agosto de 2026 Kira Bernadás

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Mientras algunos ministros del gobierno español se desplazaban a Ceuta y permanecían allí durante unas horas para escenificar la presencia institucional, el presidente del Gobierno parecía haber elegido otro escenario para afrontar el verano: La Mareta, el descanso, el mar y unas vacaciones mucho más apacibles.

Porque, puestos a elegir, ¿qué puede resultar más atractivo en pleno verano que refrescarse en las aguas canarias, practicar submarinismo y disfrutar de unos días de descanso? Desde luego, mucho más agradable que enfundarse en un traje de chaqueta, soportar el calor de Ceuta y enfrentarse sobre el terreno a una situación extraordinaria que reclamaba presencia política, firmeza y capacidad diplomática.

Ese es precisamente el motivo de una de las principales críticas que ha recibido Pedro Sánchez: la percepción de que, mientras Ceuta afrontaba una situación de enorme tensión, él optó por mantener su agenda vacacional. Para muchos de sus detractores, no era el momento de bailar bachata ni de disfrutar tranquilamente del verano, sino de estar al frente de la respuesta institucional.

La polémica alcanzó además otro nivel cuando se difundió una imagen que algunos interpretaron como una forma de transmitir actividad y trabajo durante sus vacaciones. Para sus críticos, aquella escenificación estaba trucada y resultó poco convincente al no mostrar en ella las piernas de Sánchez sentado en su despacho y alimentó todavía más la sensación de distancia entre el presidente y una ciudad que está viviendo momentos de incertidumbre.

Al mismo tiempo, muchos ceutíes soportaban jornadas de angustia y calor, permaneciendo en sus casas y siguiendo con preocupación los acontecimientos. En una situación así, la ciudadanía  no solo espera medidas: espera también liderazgo, presencia y la sensación de que quien gobierna aunque no esté allí comparte, aunque sea institucionalmente, la gravedad del momento.

Pedro Sánchez tiene, sin duda, derecho a descansar. También lo tiene cualquier presidente del Gobierno. Pero la cuestión que queda sobre la mesa es otra: ¿cuándo deja de ser una cuestión de vacaciones y comienza a convertirse en una cuestión de responsabilidad política y de imagen institucional?

La política también se juzga por los gestos. Y en momentos excepcionales, la ausencia puede pesar tanto como la presencia.

Mi abuela, que tenía una intuición política bastante particular, lo vio por primera vez en televisión y soltó una frase que todavía recuerdo: «Este hombre tiene cara de macarra». Los abuelos, ya se sabe, acumulan años de experiencia y dicen lo que piensan sin demasiados rodeos. Aquella impresión fue, para ella, suficiente.

Hoy, con los años, quizá habría que sustituir aquella intuición por una pregunta mucho más seria: ¿estuvo el presidente donde debía estar cuando Ceuta más necesitaba sentir que el Gobierno estaba a su lado?

Porque una cosa es disfrutar de La Mareta. Y otra muy distinta es que, mientras un presidente de un gobierno descansa, sus ciudadanos tengan que vivir la incertidumbre en primera línea.

Yo en La Mareta y tú en Ceuta. Una frase irónica, sí. Pero también el resumen de una polémica que difícilmente puede despacharse con una simple fotografía sin piernas en un despacho improvisado.